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Todas las vidas del sargento Mella

El sargento Julio Mella nació en Santo Domingo en 1963, aunque sería más apropiado hablar del “Sargent Mella”, porque es en el ejército de los Estados Unidos donde ha desarrollado una carrera militar que le ha valido una serie de reconocimientos que parece no terminar por ahora. En estos días al Sargent Mella le llueven los galardones en Estados Unidos.

Para llegar a este punto de su vida… ha vivido muchas vidas.

Estas son algunas de las claves. Desde apagar como bombero el incendio de su propia casa en un callejón del barrio a combatir en la guerra de Afganistán mientras su hijo lo hacía en Iraq. En primera persona su relato recorre palabras y dibuja un mapa vital fuera de lo ordinario. Es el relato de alguien que se declara… un hombre feliz.

A los 16 años me acerqué al Cuerpo de Bomberos para ser voluntario. Desde pequeño me ha gustado ayudar a los demás. Ayudar a la gente en el barrio, ser útil, echar una mano aquí y allá… Y pensé que lo que veía hacer a los bomberos era algo que yo podía hacer, que me gustaba. Y directamente fui al cuartel de la Avenida Mella y pregunté “¿puedo ser bombero?” Me dijeron que no por la edad. No podía ser bombero, pero vieron mi disposición y me encaminaron hacia los voluntarios de los bomberos. Y así empecé a colaborar, colaboración que empezó en 1979 y pausó en 1993 cuando emigré hacia los Estados Unidos. Pero nunca deje de ser bombero voluntario porque todos los años (cuando no estaba en misiones de guerra) que visitaba la República Dominicana. Mi segunda casa era el cuartel general de bomberos y aun salía a emergencias durante mis “vacaciones”.

Mi paso por el cuerpo de bomberos de mi país ha sido muy importante en mi vida. Por lo que aprendí, por la gente que conocí y por lo que me tocó vivir.”

Empatía

“El 7 de marzo de 1992 iba en motor hacia los bomberos y vi pasar el camión de la estación de la Barahona con Josefa Brea. Me subí en el segundo camión que iba hacia un fuego, lo que llamamos “la otra salida”, la unidad que sale para dar apoyo detrás de la que recibe la asignación. Nos íbamos acercando y yo iba pensando, “eso es cerca de mi casa”, por la Calle Vicente Noble. Repetía, “eso debe ser cerca de mi casa”. Cuando ya estábamos frente al callejón vi que era mi propia casa. Perdí todo, por suerte los vecinos sacaron a mi mamá a tiempo. Reaccioné tranquilo, ayudé a apagarlo, enseguida pensé “no me puedo volver loco”.

Pero fue algo muy raro. Experimenté en primera persona lo que sentían las personas a las que yo ayudaba. Lo que respondía a mi vocación, entendí desde el otro lado la compasión por otra persona. Ante un accidente o un incidente yo sentía desde niño una fuerte empatía. Por ejemplo, siempre participaba en los telemaratones del Show del Mediodía. A veces daba hasta la mitad de mi sueldo. Y eso, lo que yo vivía cuando el que sufría era otro… me tocó vivirlo en carne propia. Te digo algo… es increíble lo que la vida te devuelve si das. No es un cliché. En mi vida lo he experimentado muchas veces. Lo que das se te devuelve.

Yo ya era policía cuando se quemó mi casa, entré en el año 83 y es increíble cómo respondió todo el que me conocía. Cinco o seis bomberos que eran carpinteros se pusieron a trabajar, la Guardia Voluntaria de los Bomberos, a los que yo entrenaba y entre los que había empresarios, dieron todo lo que pudieron para que yo recuperara mi casa. Pintura, block, enseres…Mi jefe era Lilín Díaz, el mejor jefe de bomberos que ha habido. Todos dieron algo, el Dr. Valentín Calderón, otros empresarios… y don Fernando.”

Don Fernando Rainieri

“Siempre se me hace un nudo en la garganta cuando pienso en Don Fernando. Y todos los días pienso en un momento u otro en don Fernando. A veces, hasta cuando voy manejando, pensando en un problema, pienso en qué me aconsejaría él y me detengo. Todo lo que soy hoy se lo debo a él y a doña Pilar.

Yo era policía y estaba asignado a la secretaría de Turismo en su gestión y él me enviaba allá donde había problemas. Un día me mandó a la plaza de la Catedral. Allí había un grupo de muchachos que molestaban a los turistas, les caían encima, les atosigaban pidiendo dinero y esas cosas… ¿cómo iba a resolver eso? No podía maltratarlos… así que hablando con ellos llegué a un acuerdo. Si dejaban de molestar a los turistas yo les daría clases. El trato empezó con uno que me había dicho que no sabía leer ni escribir. Al día siguiente ya eran varios; casi ninguno sabía leer. A la semana ya era un grupo de 30. Sin darme cuenta se había formado una mini escuelita debajo de una de las matas de la plaza. Mucha gente ayudó, hasta un pintor que siempre estaba en la zona ayudaba con papel y lapiceros…

Cuando volví de vacaciones, doce años después de entrar al Army, un día paseando por el Conde me paró un Politur. Me reconoció, él era uno de aquellos niños. Esas cosas me dejan siempre muy emocionado.

Don Fernando me ayudó siempre, y cuando vine a los Estados Unidos y entré al Army, él y doña Pilar me visitaban allá donde estuviera destinado. Siempre me aconsejó. Cuando me desanimaba o me deprimía me decía. “Ahora no. Puedes desanimarte cuando tengas tu pensión, pero todavía te faltan 20 años para eso”. Un 31 de diciembre le llamé desde Afganistán para felicitarle el año y él estaba en La Romana. Me pasó el teléfono… ¡a Freddy Beras Goico! No me olvidaré que me dijo “¿tú eres el Rambo del que tanto habla Colorao?” En realidad, mi relación con él era como de padre e hijo. En su funeral se me acercaba gente porque él les había hablado de mí. Para mí doña Pilar, Fernandito, Giovanni y todos… son mi familia.

Hay personas, como don Fernando, que pueden transformar vidas porque confían en los demás y les apoyan. Sin ese apoyo… yo no hubiera salido adelante. Pienso que si he tenido esa suerte, debo hacer lo mismo que él hizo por mí con otras personas“.

Familia

“En 1989 conocí a mi esposa, Jacqueline Soto y nos enamoramos y nos casamos. Ella iba y venía hasta que en 1993 nos fuimos todos para Estados Unidos. Yo creo que la familia debe ser el centro de la vida de un hombre. Lo siento así, pienso que es lo correcto. Siempre digo, “vayan del trabajo a su casa, respeten a su familia”. A mí me ha ido muy bien. Tenemos tres hijo, Teresa de 32, Emanuel de 22 y Vanessa de 18 años. Sin mi familia no puedo funcionar, esa es la verdad. Antes de enlistarme en el Army, yo le expliqué a mi esposa y le dije “el Army tiene cosas buenas y otras no tan buenas”. Dos décadas después sirviendo orgullosamente en el Army yo estoy seguro ella entiende mi trabajo.

Yo soy un hombre feliz. Creo que Dios le da a cada uno más de lo que pide. El problema es que algunos quieren todo pa´ de una vez, y eso no funciona así. Hay que ir poco a poco, avanzando, ganándose las cosas. Yo, por ejemplo, le pedí “Ayúdame” y hoy soy el único de mi familia, por parte de mami, con una maestría.”

La guerra

“Yo ya he ido a dos guerras, en tres diferentes campañas. Te afecta de diferente manera cada vez. Yo soy creyente y creo que Dios me protege, uno no va a la guerra a hacer mal. Va a cumplir con su deber y con su nación.

Aunque el temor está siempre presente, porque eso es lo que nos hace seres humanos, uno no piensa en si tiene miedo o no cuando está en una misión. Simplemente se concentra en hacer bien su trabajo. Es distinto cuando el que está en la guerra es un hijo. Cuando le dieron su destino, ahí si me preocupé. Pero él es como yo. Está deseoso de hacer bien su trabajo. Aquí en Fort Campbell yo creo que somos, él y yo, los primeros padre e hijo que están asignados a la misma base y sirvieron en el frente al mismo tiempo.

Cuando lo despedí me emocioné. Su madre igual. Está acostumbrada a que yo esté fuera, a veces por meses y sabe que mi trabajo tiene riesgos. Pero cuando el que despedíamos era nuestro hijo… eso fue muy duro para todos. El momento más duro de mi vida. Su madre no sabía en ese momento que yo también me marchaba. Fue bien duro. Pero él estaba… super excited. Es la profesión que eligió.

Yo siempre quise que él me superara, que estudiara, Be better than me le decía. Pero él quiso entrar en el ejército, porque quería ser como yo. Eso es lo que me dijo. Entonces le dije que “Ok, pero aprovecha todas las oportunidades que el Army va a darte. Vas a ser profesional con el ejército y vas a llegar más alto que yo”. Y así va a ser. Tiene 22 años y ya es sargento. Yo sé que cuentan con él para posiciones de mando. Ahora él se las tiene que ganar.”

Dos destinos cruzados

“Este es mi hijo Emanuel. Nos encontramos en Kuwait, cuando él volvía de su misión en Iraq. Fue algo que no hay palabras para expresarlo. Estuvimos tres días juntos, cuando caminábamos la gente nos preguntaba si éramos familia y cuando yo le decía que era mi hijo algunos se sorprendían porque era la primera vez que veían a un padre y a hijo sirviendo en la misma base y destinados al mismo tiempo en campañas. Y cuáles eran las posibilidades de que nos encontráramos, entre cientos, miles de soldados destinados en dos campañas diferentes! Un sargento nos tomó la foto y una señora nos dijo que su hijo estaba en Afghanistan y empezó a llorar cuando nos vio juntros.

Pero llegó el momento de decir adiós de nuevo a mi hijo, ya un poco menos doloroso porque yo sabía que él iba de regreso a casa, yo me dije well, my son is on his way back home safe THANKS GOD, now I comeback to the combat zone and if die I am happy because my son is safe with his mom”

El Army

Yo llegué a los estados unidos (New York City) en 1993 y en 1994 ingresé como auxiliar en el departamento de Policía. Al año siguiente era sargento y en 1997 teniente. En 1998 ingresé al Army y fuí asignado a la 3ra División de Infantería en Fort Stewart, Georgia con quien fui a Iraq en apoyo de la operación Iraquí Freedom.

Si la gente lo conociera… es uno de los mejores trabajos que hay. Tiene los beneficios que ningún otro trabajo te da. YLo que hace falta, eso sí, es amor por lo que se hace. Vocación. Pero es el mejor seguro médico, los mejores planes de vacaciones, la formación y al educación que te ayudan a obtener…

Yo veo que el Army… Tenemos que tener compromiso con lo que hacemos. Oye, nadie te obliga a entrar en el Army. Cuando decides entrar adquieres ese compromiso, que sabes ya cuál es. No hay sorpresas ni nadie te pide algo a lo que no te hayas comprometido. Cuando la nación nos llama uno tiene que ir y hacer su mejor trabajo. Y sabes lo que tienes que hacer, no puedes venir con dudas… Yo soy soldado, eso es lo que hacemos.

Yo siento que el ejército de Estados Unidos es la rama de las fuerzas armadas más versátil, adaptable en tamaño, estructura y habilidades para afrontar los retos cambiantes del entorno de seguridad actual. es uno de los equipos élite del mundo y se compone de soldados inteligentes, adaptables y profesionales que hacen una diferencia real en el mundo y para esta nación todos los días.

Somos médicos, abogados, ingenieros, mecánicos, pilotos, operadores especiales, innovadores y tropas de combate. Somos el equipo del ejército, el equipo que hace la diferencia. El ejército es el rostro de la nación y refleja la cultura inclusiva y la diversidad única que son distintivos de la forma americana de vida. Cuando usted es un miembro del equipo del ejército – es miembro de por vida. La familia de ejército es una familia extendida que abarca varias generaciones y todos los continentes. Tenemos un legado orgulloso y nos basamos en una tradición de honor, valor y sacrificio desinteresado por la nación y sus ciudadanos. El perfecto ejemplo soy yo, yo tengo cuatro carreras universitarias, todas pagadas por el army, y ahora mismo el ejército me está ayudando para obtener mi doctorado en Criminología y Ciencia Policial, también soy Técnico en Emergencias Médicas (EMT) también pagado por el army.”

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